El tiempo borra la tinta
la expande como nubes de otoño
en el papel herido,
cálidamente,
entre sueños
adioses y delirios,
dónde se irán las sílabas
y las tildes manchadas
de pensamientos,
entre azules y blancos
anda la vida del poeta,
sentado en el ensueño
recuerda el tiempo que yace
en el papel del ayer,
el tiempo borra la tinta
de los que escriben sintiendo
y los encamina a recordar
que todo lo vivido no fue más
que una verdad escrita,
aquella que los refuerza
a golpe de consonante
donde el sentimiento
los alimenta de esfuerzo,
nada puede hundir
a quien sabe cómo la tinta se borra
quedando el tiempo vigente,
la fortaleza que permita
continuar más allá de la letra adversa,
y observa cómo en el membrillo
se posa el gorrión hambriento,
y echa el pan bajo la lluvia
o en la niebla azul del poema,
mientras el mundo gigante
se alimenta de perversión,
el poeta queda al margen
al abrigo de su tinta borrada
en las alas de salvarse a tiempo.
Dormía la noche en tu día
el anillo de mil recuerdos
y los versos comenzados
un nueve de nuestros mayos
en torpezas de juventud,
quién te hizo el daño
donde tu voz quedara
apaciguando…
la muerte,
anestesiando…
tu dolor
que te robara un suspiro
en desesperanza,
apenas la noche descansa
adonde te has ido para el resto
del otoño eterno sin hojas
en los agotados por última vez,
malditos sean los que viven
para morir a los que aman,
el cielo se rompe
con la luz de la luna,
tu cuerpo se ha roto estrellado
con la tristeza insuperable
del terror al desamor,
aquel cuerpo que amé
aquella risa que amé
todo cuanto de ti amé
y a veces sueño
y se ha perdido hoy,
malditos sean los que viven
para apagar la sangre
de los amantes que tuvieron futuro
entre sus tiernas manos,
ya no existe el mañana
que este hoy mató a llanto,
sólo queda un anillo guardado
un recuerdo de nuestros quince años,
malditos sean los que buscan vida
devorando sentimientos,
malditos monstruos
que sobreviven
a cambio de las muertes
de quienes los creen.
(2010)